HIPOLITO YRIGOYEN. Un perfil del máximo caudillo radical.

Martes, 21 de Diciembre de 2004 por Juventud Radical

“Americano prototípico, amigo de la paz sentimental, asceta en la vida, rústico en el ensueño generoso, el secreto de la popularidad de Yrigoyen fue un sentimiento de amor, y éste era también el secreto de su gloria póstuma, que ya ha comenzado. Amó a la patria con un amor cristiano, y por eso la amó, no con símbolos ni abstracciones sino en la carne sufrida del pueblo.” Ricardo Rojas, sobre Yrigoyen

El 12 de julio de 1852 nacía Hipólito Yrigoyen, fundador del radicalismo, hombre político que perteneció a la Generación del 80, pero que rompió con ella para dar impulso a un nuevo movimiento histórico en la Argentina. Nació cuando terminaba la época de Rosas y comenzaba la etapa de la Organización Nacional, que construiría la Argentina moderna y consolidaría un Estado positivista y conservador, contra el cual se levantó Yrigoyen.

Para el caudillo radical la lucha era entre la “causa” y la oligarquía. Toda su fortuna personal, incluso algunas parcelas de tierra las perdió en las patriadas radicales, especialmente en la sangrienta Revolución de 1905.

Completó estudios secundarios y universitarios, pero nunca ejerció la abogacía ya que dedicó su vida a lograr el sufragio universal. Fue docente en colegios secundarios y una de sus alumnas, la socialista Alicia Moreau de Justo lo recordaría años después con calidez, por su figura gallarda y sus dotes de profesor.

De la mano de su tío fue iniciado en la masonería, revistando en la Logia “Docente”, en donde abrevaría en el conocimiento del krausismo. Karl Christian Friedrich Krause (1781-1832) fue un filósofo e idealista alemán que modernizó la masonería europea de origen templario y estableció parámetros seculares para la educación.

Cuando Yrigoyen decía que “los hombres son sagrados para los hombres” y “los pueblos son sagrados para los pueblos”, estaba parafraseando al pensador alemán.

La historia radical

La historia de la Unión Cívica Radical ha sido la historia de Hipólito Yrigoyen. Fue un movimiento que juntó a criollos con inmigrantes y tanto fue así que el intelectual radical Ricardo Rojas dijo en su momento: “Llegué al radicalismo y me encontré con los hijos de los inmigrantes y con los nietos de los próceres”.

Pueden encontrarse en varios autores aspectos de la historia del radicalismo: “El radicalismo” (tres tomos) por Gabriel Del Mazo; “Hipólito Yrigoyen, el hombre del misterio” por Manuel Gálvez; “El radicalismo de mañana” por Ricardo Rojas; “Yrigoyen, el templario de la libertad” por Félix Luna; “Yrigoyen y la intransigencia radical” por Jorge Enea Spilimbergo y “Conversaciones con Oscar Alende” por Emilo J. Corbière.

Spilimbergo ha sostenido con acierto que el radicalismo no nació en 1890, con la Revolución del Parque, conducida por Leandro N. Alem, porque aquel movimiento cívico militar fue en realidad una alianza táctica entre el alsinismo popular, también denominado “orillero”, entre los que se contaban a Alem e Yrigoyen, con estancieros y terratenientes, hijos de patricios como Marcelo Torcuato de Alvear y Florencio Parravicini, el partido católico de Pedro Goyena y José Manuel Estrada, algunos que luego serían socialistas como Juan B. Justo y Nicolás Repetto y los partidarios de Bartolomé Mitre. Esa alianza fue efímera, los mitristas arreglaron con el roquismo, reiniciando la nefasta “política del acuerdo”. Por eso Yrigoyen dirá a una persona que lo interrogó sobre Mitre: “como voy a ser mitrista, si es como si fuera brasilero”, en referencia a la inicua Guerra del Paraguay en la que Bartolomé Mitre tuvo un rol destacado junto al imperio esclavista del Brasil y los conservadores uruguayos.

Yrigoyen en el gobierno

En 1905, cuando murió Roca, Yrigoyen encabezó la rebelión armada con 30.000 partidarios que tomaron la ciudad de La Plata y fueron reprimidos a sangre y fuego. Hubo fusilamientos en masa. La soldadesca fusilaba centenares de radicales civiles, entre ellos estaba don Ricardo Caballero que resultó herido y lo creyeron muerto. Al atardecer Caballero se arrastró por el campo y logró escapar. Luego sería gobernador radical de la Provincia de Santa Fe.

Yrigoyen salió de la clandestinidad y se entregó para parar los fusilamientos. Perdió toda su fortuna personal, la insurrección había sido abatida, pero el camino hacia el sufragio universal estaba señalado por la historia. Resistió todas las presiones y prebendas, “conciliaciones”, “unidades nacionales”, “acuerdismos”. Quería que el pueblo se expresara libremente y en vez de pactar con los de su clase burguesa prefirió la pobreza y la abstención electoral.

Cuando triunfó mediante el fraude Roque Sáenz Peña, llegó al gobierno en medio de una enorme abstención de la ciudadanía. El gobierno estaba deslegitimado y por eso Sáenz Peña recurrió a los políticos más progresivos del viejo roquismo, Joaquín V. González e Indalecio Gómez que prepararon la ley del voto obligatorio, universal y secreto.

Hacia 1915 Yrigoyen sostuvo que no se podía concurrir a elecciones porque de ganarse las mismas, la mayoría del Senado, de las gobernaciones provinciales y la Corte Suprema estaban en poder del viejo régimen conservador y fraudulento. Quería llegar por una revolución política. Pero algunos “boinas blancas”, muchos dirigentes radicales que estaban en el llano, querían ocupar los cargos públicos, entre ellos Leopoldo Melo y Vicente C. Gallo.

Concurrieron a elecciones en 1916, e Yrigoyen venció con 340 mil votos, acompañado en la fórmula por Pelagio Luna. La cantidad de votos obtenidos por Yrigoyen superó el total de los votos que lograron el resto de los partidos.

Pero el caudillo tenía razón, solo pudo gobernar a medias. Los viejos conservadores desde el Senado y el Juez Antonio Bermejo desde la Corte Suprema de Justicia de la Nación bloquearon parte de la legislación laboral que propuso. Melo y Gallo fundaron la UCR Antipersonalista abandonando al caudillo.

Entre los logros que obtuvo Yrigoyen se cuentan el desarrollo de una política independiente frente a las grandes potencias, por la acción de su Canciller Honorio Pueyrredon, impulsó las empresas estatales, principalmente la creación de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), que nacionalizó el petróleo, ley que fue robustecida por Marcelo T. de Alvear.

Concretó asimismo el primer plan de viviendas populares en el barrio Caferatta, en la Ciudad de Buenos Aires, y brindó el escenario para que se desarrollara la reforma universitaria. Hizo realidad también la Caja Nacional de Ahorro Postal y la Escuela Industrial Ingeniero Huergo. Los porteños podían viajar en el primer tramo del Subte A.

Fiel a sus ideales masónicos y krausistas anuló durante su primer gobierno el artículo de la ley 1420 que permitía la enseñanza de la educación religiosa en las escuelas públicas fuera del horario escolar. Había sido una concesión de los liberales a la Iglesia en 1884.

Yrigoyen fue un idealista que practicaba el espiritismo, era amigo de la Madre María (la señora María Salomé Loredo de Subiza). El espiritismo había sido muy popular entre los miembros de la Generación del 80, como en el caso del Presidente argentino Victorino de la Plaza, de Rafael Hernández, hermano del poeta José Hernández y Cosme Mariño, primer director de “La Prensa”. También fueron espiritistas Juan y Eva Perón y el caudillo radical y masón cordobés Amadeo Sabattini.

Masacres obreras

El gobierno de Yrigoyen se vio empañado por dos hechos luctuosos. Produjo una masacre de trabajadores y judíos durante la Semana Trágica de enero de 1919, en la Ciudad de Buenos Aires y dos años después en 1921, cumpliendo órdenes del gobierno nacional el Coronel Benigno Varela y el Capitán Elbio C. Anaya asesinaron a más de un millar de trabajadores huelguistas en la Patagonia.

El radicalismo se dividió entre Personalistas y Antipersonalistas y dentro de la UCR histórica se libró una batalla entre alvearistas y personalistas. Yrigoyen volvió plebiscitado en 1928. Los que muy pocos conocen es que la posibilidad del retorno de Yrigoyen al gobierno fue debido a la intervención del socialista Juan B. Justo, que lo había combatido, pero que no aceptó se utilizara una maniobra oligárquica para que Yrigoyen no pudiera volver a gobernar.

El fraude lo habían preparado los ministros alvearistas Le Bretón y Demaría junto a los conservadores y la derecha del Partido Socialista encabezada por Antonio De Tomaso y Federico Pinedo. Consistía en utilizar un proyecto del PS para intervenir la Provincia de Buenos Aires por razones del juego clandestino, garitos y hasta un casino flotante que navegaba entre el puerto de Buenos Aires y el de San Isidro. Yrigoyen y Juan B. Justo se reunieron secretamente en la Costanera y acordaron que el PS retiraría ese proyecto. Por esto Juan B. Justo le pidió a Yrigoyen que algunos correligionarios pícaros concluyeran con el juego de azar que regenteaban. Dicho y hecho, días después en la Provincia de Buenos Aires había desaparecido toda forma de juego clandestino. Juan B. Justo cumplió e hizo que el senador Mario Bravo retirara el proyecto de intervención destruyendo así la maniobra de los “contubernistas”. El Partido Socialista se dividió y la rama de derecha fundó el efímero Partido Socialista Independiente que se diluyó en la “concordancia conservadora” en los años 30.

El derrocamiento

El segundo gobierno de Yrigoyen no se caracterizó por la eficiencia, el viejo caudillo había envejecido. Una leyenda popular como maliciosa decía que su amanuense don Vicente Scarlato le hacía imprimir un ejemplar del diario “La Prensa” con buenas noticias. Pero no fue más que una leyenda que ponía de manifiesto las limitaciones del casi octogenario caudillo radical.

“La Fronda” conservadora, “La Nación”, “La Prensa”, “Crítica” y “Libertad” arremetían sin piedad contra el radicalismo. Lo mismo la Federación Universitaria de Buenos Aires. En un rapto de sectarismo, el Partido Comunista denunció a Yrigoyen como “fascista”. Fue derrocado el 6 de setiembre de 1930, y los comunistas como el diario “Crítica” conocerían lo que era el fascismo en serio del general José Félix Uriburu.

Hubo muchas causas en el derrocamiento de Yrigoyen. Era cierto lo de un gobierno ineficiente. Pero también que el golpe militar reaccionario tuvo olor a petróleo y que Yrigoyen había permitido el establecimiento de una empresa soviética, la Yuzhamtorg (Compañía de Comercio y Exportación). También es cierto que produjo vandálicas intervenciones provinciales que erosionaron al poder central. De cualquier manera el conservador Emilio J. Hardoy hace un poco más de una década pidió públicamente perdón por aquel golpe militar.

Murió pobre a los 81 años, de una bronconeumonía en su modesto departamento de la calle Brasil, en el atardecer del 2 de julio de 1933. Dos años antes mientras estaba preso por los militares, tuvo la alegría de ver que su partido triunfaba de manera aplastante en las elecciones de la Provincia de Buenos Aires de abril de 1931.

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