Los jóvenes y la política

Lunes, 22 de Agosto de 2005 por Juventud Radical

“…Día a día nos preguntan por qué decidimos participar en esta actividad que la sociedad en su conjunto y los medios optan por llamar “sucia”…”, por LUCIO LAPEÑA – JR Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Los Jóvenes y la política
el arte de lo “Imposible”

“logos” (lo lógico), “ethos” (lo ético) y “pathos” (las pasiones), forman un trinomio que da contenido a la política en todo sentido conceptual que corresponde darle. La cuestión de la ciudad, los asuntos de los ciudadanos, la cosa pública, deviene de la acción teórica y práctica del trinomio antes mencionado.

Hoy, desde la perspectiva del siglo XXI y la óptica de un país en vías de desarrollo en lo humano y lo económico, la política tal como la conocimos en el sigo XX atraviesa uno de sus peores momentos. A lo largo de nuestra historia la misma ha sido y es vista día a día por una parte de la población como una mera forma de obtener beneficios personales en lugar de ser vista como LA herramienta de cambio para generar un mejor país y una sociedad más justa.

Como jóvenes interesados en el manejo de la cosa pública, sabemos que la política y el compromiso son una misma cosa. Día a día nos preguntan por qué decidimos participar en esta actividad que la sociedad en su conjunto y los medios optan por llamar “sucia”. Pareciera que el deseo de tener una sociedad más equitativa fuera concebido como una mera utopía y que lo que buscamos es el beneficio propio para solucionar únicamente nuestros problemas en función de relaciones personales y relaciones con el “poder” de turno.

Creo que ese sueño de una sociedad justa y mejor es lo que nos lleva a tratar de cambiar la realidad que nos rodea. La lucha por un ideal y el sacrificio que esto requiere no reporta ningún beneficio a nivel personal. No hay política sin altruismo, sin idealismo y sin desinterés; la satisfacción solo consiste en tener la certeza de que se está haciendo lo correcto en vez de quedarse con los brazos cruzados. No somos egoístas y queremos el beneficio para todos, participen o no activamente en la vida política.

Toda nuestra vida está regida por la política. La participación responsable es la única herramienta de cambio posible; de ella depende nuestra salud, nuestra educación, nuestro trabajo y por consiguiente nuestro futuro. Si bien es utópico pretender la participación activa de toda la sociedad es necesario que por lo menos el conjunto de la gente “entienda” la política para comprender los distintos escenarios que se plantean y no vivir sólo a través de los intentos de generar influencia que tienen las corporaciones que marcan el ritmo del capitalismo mundial desde los contenidos de los medios de comunicación y los candidatos que financian.

Como jóvenes tenemos un objetivo claro y sin plazo. Cada uno desde su ámbito de militancia (Universidad, colegio, barrio) debe dedicarse a derrumbar ese falso condicionamiento que nos impulsa a la pasividad (el “no te metas”) con el cual crecimos que, impulsado desde los sectores de poder, nos dijo de todas las formas posibles que no tiene sentido participar en la política ya que todo está perdido, que mejor no nos quejemos y sigamos viendo televisión. Como jóvenes radicales nos resistimos a quedarnos con esa idea, no vamos a aceptar que nos impongan una y otra vez lo que tenemos que hacer, decir y pensar; no estamos dispuestos a quedarnos con los brazos cruzados mientras otros se quedan con nuestro futuro.

Debemos aprovechar todas las herramientas de formación que están a nuestro alcance; los congresos, seminarios y el instituto de formación deben servir como constantes escenarios de debate, porque en ellos es en donde se generan o enriquecen las ideas. Ningún punto de vista es erróneo si se puede justificar debidamente, excepto los totalitarismos políticos, ideológicos y económicos.

Solo a partir de la formación política podremos analizar, comprender y accionar en pos de la libertad y la igualdad de oportunidades, pilares imprescindibles para la construcción de una Nación de hombres y mujeres libres. Pero por sobre todas las cosas, no mercantilizando la militancia, teniendo la philotimia o “amor el honor” y el aprecio por la verdad como principios de acción, es como vamos a transformar lo utópico en algo eutópico, o mejor dicho, lo imposible en algo verdaderamente posible para todos.

Lucio D. Lapeña

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