POSICION DE LA JUVENTUD RADICAL EN EL COMITE FEDERAL

Lunes, 26 de Junio de 2006 por Juventud Radical

La JR representada por su Presidente, Emiliano Afara, participó del plenario del Comité Federal el 22 de junio en la Ciudad de Buenos Aires. A continuación el documento presentado ante el plenario.

El radicalismo ha sido a lo largo de más de 115 años un actor fundamental en la vida política de la República. En sus inicios, luchando desde el abstencionismo revolucionario frente al régimen conservador y oligárquico. La conquista del sufragio libre y universal lo llevó a ejercer las más altas responsabilidades públicas, bajo los mandatos de Hipólito Yrigoyen y Marcelo Torcuato de Alvear. La reforma universitaria de 1918, la creación de YPF, la promoción de los derechos civiles de la mujer y el impulso definitivo para la inclusión social de los desposeídos, fueron notas distintivas de aquellos gobiernos populares de la década de 1920. Evidentemente, los sectores reaccionarios, beneficiarios del privilegio y la concentración de la renta y la tierra, viendo afectados sus intereses, no tardaron en preludiar la hora de la espada.
El surgimiento del primer peronismo, a partir del golpe de Estado de 1943, encontró al radicalismo sumido en una profunda división. La base social de sustentación electoral de la UCR, histórica como representante de los sectores populares, disminuyó al ritmo vertiginoso del crecimiento del fenómeno peronista. Algunos integrantes de nuestra fuerza política interpretaron que el peronismo era la continuidad histórica del yrigoyenismo, sumándose a esta incipiente y potente fuerza popular en boga. Otros, como el ex Gobernador de Córdoba Amadeo Sabattini, tentado por Perón con la candidatura a vicepresidente de la Nación, entiende que el radicalismo es una fuerza que no se constituye para tomar asiento en los gobiernos, si no como una misión ética de reparación. Hoy encontramos comités, calles, avenidas, establecimientos escolares que llevan el nombre de Amadeo Sabattini, no así el de Hortensio Quijano.
El esplendor social de aquel peronismo del 45 no logró opacar la brillantez intelectual ni menguar el coraje cívico y la conducta incorruptible del Bloque de los 44, decididos a hacer primar la ética de los principios ante la lógica de la conveniencia, aun a costa de persecuciones y de la violencia del 5 por 1. La foto de Ricardo Balbín preso, en el penal de Olmos, es un recuerdo de la intolerancia que asoló a un país.
La caída del gobierno peronista en 1955, tentó a algunos radicales a aliarse con el gobierno de facto y a otros a prestar su nombre a la masa electoral peronista para concertar una salida al régimen militar. Sin embargo la Unión Cívica Radical del Pueblo, siguió llevando adelante la bandera republicana aun ante derrotas circunstanciales.
También en aquella época había radicales con conducta, que entendían aquello que decía Irigoyen, “que era preferible perder cien gobiernos pero nunca los principios”. Así llega el gobierno de Don Arturo Illia, expresando el compromiso democrático, la defensa de los intereses nacionales y la ética como valor rector del ejercicio del poder. Otra vez, la reacción conservadora aliada a la burocracia sindical y los intereses antinacionales, gestan un golpe militar que dejara para la historia la tristemente celebre noche de los bastones largos, resistido por la lucha de un pueblo que supo alumbrar el Cordobazo.
En 1983, se abre la puerta a la esperanza. La UCR de la vida y de la paz, era la expresión de un pueblo que cerraba definitivamente aquella herida abierta el 6 de septiembre de 1930.
Se sentaron los cimientos de la democracia y se consolidaron los valores republicanos en la Argentina. Se defendió la soberanía nacional a partir de una política exterior coherente con nuestra tradición de solidaridad continental, se enjuició a los genocidas del proceso militar, y se propendió a recuperar los instrumentos económicos para el desarrollo integral de la nación. El peso de una deuda externa ilegítima e inmoral, 14 paros general, el boicot económico de los capitanes de la industria, la conspiración de economistas de “prestigio” ante los organismos multilaterales de crédito, alzamientos militares y asonadas insurreccionales y una oposición acechante y ávida de poder, determinaron la salida anticipada de gobierno, privilegiado la continuidad democrática, al prestigio político.
Ese mismo pueblo que en los `80 quería paz, pan y trabajo, en los `90 ambicionaba acceder al confort, sin alzar su voz ante el desguace del país. Un peso valía un dólar y nos costaba dignidad. El radicalismo marcaba diferencias y advertía a cerca del camino peligroso emprendido por el gobierno neoliberal y corrupto encabezado por Menem e integrado por todo el peronismo en su conjunto, en mayor o menor medida. La UCR se opone a las privatizaciones vejatorias, cuestiona las reformas educativas y denuncia sobre la desindustrialización del país y la pauperización de los sectores populares.
Dichas posturas nos llevan a confluir en un espacio común con otros sectores progresistas de la vida nacional y estructurar la Alianza como una herramienta que permitiese construir una alternativa de cambio.
La frustración colectiva, generada por la incapacidad propia más la acción constante de los sospechosos de siempre, de la cual parece ser el Radicalismo deudor moral absoluto, no nos releva de recordar que la herencia recibida fue irremontable. Como experiencia, rescatamos que las coincidencias ideológicas de pensamientos afines fueron un buen camino, el error fue quienes lo implementaron.
En la actualidad, nos encontramos frente a un gobierno que entendemos puede llevar a una nueva frustración a los argentinos. En principio, vimos con buenos ojos la política oficial de modificación de la Corte Suprema, el no envió de tropas a Irak y cierta retórica discursiva en aras de reivindicación de la actividad política como único método de transformar la realidad, pero con el correr del tiempo, la concepción filosófica del gobierno fue variando, y creemos que hoy ya no nos identifica. Estamos frente a un gobierno que goza de una coyuntura económica favorable debido a los beneficios de la devaluación impulsada en el gobierno de Duhalde y un panorama internacional fuertemente positivo, ya que todos los países del mundo se encuentran en crecimiento. A pesar de esta coyuntura favorable, creemos que el gobierno tiene muchos puntos negativos. Es un gobierno con poco apego a la calidad institucional. Desde la nefasta salida del gobernador santacruceño Acevedo hasta la penosa situación de la diputada Alarcón conocida por todos, pasando por el silenciamiento constante del Congreso de la Nación, consideramos negativo el accionar del gobierno en esta materia. En política exterior, vemos un gobierno con ambivalencias, provocativo, confuso, que no genera políticas de estado en el parlamento, que no tiene visión a largo plazo en ese sentido. Diseña la política exterior según el humor presidencial y ha generado conflictos en el ámbito del MERCOSUR que tanto nos ha costado construir.
Por otro lado, vemos que el oficialismo descree de la libertad de prensa, a tal punto de censurar a periodistas prestigiosos y programas serios e independientes; en este punto, como jóvenes nos atemorizamos, es un Presidente que descree de los Partidos Políticos. El que no esta de su lado, es su enemigo. Habla de concertación con aquellos que ostentan poder territorial y no los Partidos orgánicamente. Esto no tiene nada que ver con la tan mencionada “concertación chilena”. El país ya conoce de estos emprendimientos hegemónicos. Fundamentalmente conoce, cómo terminan.
En definitiva, vemos con preocupación el presente. Muchas veces hubo burbujas que hicieron que la sociedad se confunda. Los radicales no podemos ser cómplices de ello.
Paralelamente, en el mundo y también en nuestro país, ha habido una constante deslegitimidad de los Partidos Políticos y de la actividad política como tal. El fuerte y constante cambio que experimentan las relaciones del trabajo, el avance tecnológico, las asimetrías entre los países y dentro de los propios países han llevado a la dificultad de brindar respuestas a la sociedad. En ese aspecto, consideramos esencial la reivindicación de los Partidos Políticos como instrumento de cambio. Aunque muchas veces con un solo Partido Político no alcanza, desde ese punto de vista, sostuvimos y sostenemos que el acercamiento y consolidación de coaliciones con sectores afines ideológicamente es una necesidad. La debilidad de la política argentina, desde la irrupción del menemismo y el fracaso del gobierno de De la Rua, ha llevado a una debilidad del sistema muy palpable. Los retazos de fines de 2001, sus causas y síntomas todavía no fueron superados. En esto no podemos confundirnos, más allá de la bonanza pasajera en materia económica.
Es por dicho diagnóstico, que desde la Juventud Radical, consideramos que los pasos a seguir para cooperar con la recuperación de la República implican en un primer momento entender la necesidad de revalorizar a los Partidos Políticos, a contramano de la postura presidencial que busca constantemente desarticularlos, no solo al nuestro, sino a todos los Partidos.
Por otro lado, creemos que el radicalismo debe constituirse en un claro opositor al gobierno, no sólo porque filosóficamente no coincidimos, sino fundamentalmente porque en un país democrático, sin una oposición seria y con capacidad de ser alternativa, no hay futuro.
Alentamos el acercamiento con actores del campo progresista, que tengan una visión de una economía autónoma con respecto a los capitales internacionales, pero que entiendan que las relaciones con el mundo son vitales en este período histórico.
Coincidimos con aquellos que creen que la calidad institucional es indispensable para el sostenimiento en el tiempo de la recuperación económica que el país actualmente disfruta
Alentamos el acercamiento con aquellos que entiendan que el MERCOSUR es una política de estado que no puede estar sujeta a cuestiones bilaterales de coyuntura.
Defendemos y auspiciamos una concertación con aquellos que entienden el pluralismo en su esencia, y he aquí una gran distancia con el gobierno nacional.
Creemos en el diálogo con aquellos actores que no reniegan de las instituciones partidarias. Caer en el reduccionismo político de culpar a los Partidos Políticos, porque la sociedad confundida desea oír dicho discurso, huele más a autoritarismo demagógico populista que a democracia.
Frente a un gobierno con vicios tan palpables, la necesidad de articular una coalición con aquellos sectores que reivindiquen valores como los que nosotros históricamente defendimos, es una necesidad imperiosa.
La sociedad argentina no puede ser prisionera de la política oficial que intenta por todos los canales, establecer una falsa diferencia entre amigos y enemigos, lo bueno y lo malo, lo viejo y lo nuevo. Una República sensata y previsible necesita de una alternativa superadora, y solo puede plasmarse, con un radicalismo articulador de dicha utopía.
La Unión Cívica Radical, como principal partido de oposición, debe ser fiel guardián de estos ideales. Los peligros y amenazas del nuevo discurso único que se intenta instalar en la Argentina, ya vimos adonde nos llevan.

Emiliano Afara
Presidente
Comité Nacional de la Juventud Radical

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