ACERCA DE LOS DERECHOS HUMANOS:
Lunes, 27 de Marzo de 2006 por Juventud Radical
Las càmaras de Senadores y Diputados aprobaron un proyecto de ley del Poder Ejecutivo que establece al 24 de marzo como dìa feriado e inamovible, en pos de un homenaje a las vìctimas de la dictadura militar iniciada en tal fecha de 1976 y finalizada en 1983, cuando asumiò la presidencia el radical Raùl Alfonsìn.
Sin entrar en determinadas cuestiones que hacen a si se debe recordar ùnicamente a las vìctimas del terrorismo de estado o tambièn a aquellas personas que perdieron la vida a causa de ataques guerrilleros, hay varios aspectos que deben ser parte de una reflexiòn sobre la medida.
En primer lugar, cabe interrogar por què se eligiò a la fecha mencionada como recordatorio de algo que, en realidad, tuvo su comienzo el 6 de septiembre de 1930, cuando se produjo el primer golpe de estado, esa vez contra el presidente Hipòlito Yrigoyen. Como fecha recordatoria deberìamos optar, tambièn, entre la de la Revoluciòn Libertadora en 1955; las interrupciones contra Arturo Frondizi en 1962 y Arturo Illia en 1966. En esos casos tambièn hubo interrupciones del orden constitucional, pero no fueron seleccionadas. El gobierno nacional adujo que el perìodo militar iniciado en 1976 fue el màs sangriento de la historia, y, ademàs, incorporò como plan la persecución ideològica y el exterminio masivo. Sin dudas que eso la hace peor, pero convengamos que los anteriores gobiernos militares no fueron mejores. El hecho de que no hubo una persecución y un exterminio masivo a los grupos opositores no hace mejores a las dictaduras precedentes. El solo hecho de que tuvieron un origen que no fue el voto, sino producto del descontento de algunos sectores jugados a “todo o nada”, es motivo de que se recuerden y se haga un mayor homenaje, no ya a los individuos que fueron vìctimas, sino ahora al sistema democràtico que aùn es imperfecto.
En segundo lugar, el presidente Nèstor Kirchner dijo que no se declarò feriado al 24 de marzo con el objetivo de hacer un dìa de “pic nic”, sino de homenaje. Pero un homenaje no se hace con un dìa no laborable e inamovible, sino con las acciones que lleva a cabo la ciudadanìa en el dìa a dìa, y con un mayor compromiso desde los funcionarios gubernamentales, desde el presidente de la naciòn hasta los concejales de los pueblos màs pequeños, pasando por los representantes nacionales y los dirigentes provinciales. Cuando no se condenan las violaciones a los derechos humanos de algunos paìses latinoamericanos, o se avanza desde el Poder Ejecutivo al Consejo de la Magistratura, perdiendo de esta manera la independencia el Poder Judicial, se està fallando en lo que son las pràcticas democràticas. Puede sonar a obviedad, pero estar en democracia no es ùnicamente ir a votar cada cuatro o seis años, porque en ese caso se puede concluir en el absurdo de que el gobierno de Adolf Hitler fue democràtico. La democracia tiene una parte formal, que es la elecciòn de representantes, y una parte sustancial, que abarca la divisiòn e independencia de los tres poderes en los tres niveles de gobierno; el respeto por el “otro polìtico”, respetando al que tiene un punto de vista diferente, y no condenarlo por alguna cuestión de posiciones sostenidas; concebir al gobierno del cual se forma parte como eso, un gobierno, que tiene por objetivo administrar al paìs, y no como un nuevo movimiento històrico, cuyo líder debe ser venerado y al cual se le debe aceptar lo que sea que haga; defender las libertades individuales y respetarlas; etc.
El homenaje a la democracia debe realizarse con cada acciòn de gobierno, las cuales estèn enmarcadas dentro de la parte sustancial del sistema del cual formamos parte.
No solo el 24 de marzo debe ser una fecha de reflexiòn de lo que es la democracia. Con cada medida del gobierno que tiene por objetivo implìcito el avance y la dominaciòn del Poder Ejecutivo por sobre el Legislativo y el Judicial, y cada proyecto que constituye una disminución de las libertades individuales, se està perdiendo lo sustancial del sistema. No es necesario ni imprescindible que se produzca un golpe de estado y asuma una junta militar para que se pierda algo de la democracia.
Muchas veces se cae en el error, voluntario o no, de creer que lo ùnico que importa es que la gente pueda comer, vestirse y tener ingresos acorde con los gastos necesarios, mientras que la parte vinculada con el respeto a las instituciones, la plena vigencia del estado de derecho y un sistema de partidos equilibrado, en el que no haya un partido hegemònico y otras fuerzas no contempladas como alternativas vàlidas, sin olvidar la divisiòn y horizontalidad de los tres poderes, es algo insignificante y no debe ocupar un lugar preponderante entre los reclamos de la ciudadanìa.
El gobierno nacional ha llevado a cabo, desde el inicio de la gestión, en mayo de 2003, una polìtica activa en cuanto a los derechos humanos, casi como un eje màs de la presidencia hasta 2007. Sin entrar en la discusión acerca de si hay “derechos humanos” o la conjunciòn de las dos palabras en una frase es una mera redundancia (ya que las piedras o las plantas no tienen derechos), es importante preguntarse pero tambièn preguntar a los mismos funcionarios gubernamentales cuàn preocupados estàn realmente por los derechos humanos. Pareciera que existe una concepción reducida o minimizada a algo que es violado en los gobiernos de facto, y que, en cambio, al haber una democracia existe, automáticamente, un respeto irrestricto por los mismos. Empero, es vàlido afirmar que, justamente, con la frase “con la democracia se come, se educa y se cura”, pronunciada por el històrico dirigente radical Alfonsìn, se ha hecho una declaraciòn que resume lo que deben ser los derechos humanos, y las polìticas de los gobiernos en esa materia. Pero, al contrario, ha habido una disminución considerable del nivel de vida de gran parte de la población en estos 23 años de democracia. Una verdadera polìtica de derechos humanos debe contemplar a la educación como piedra angular para lograr el progreso que tanto se pregona en los discursos, ya que sin una instrucción es imposible y hasta utòpico creer que se puede generar riqueza siquiera al nivel de los paìses màs “pobres” del primer mundo, como son considerados España o Irlanda, por caso.
Por otro lado, cuando gran parte de la población del paìs, cuyo porcentaje puede aumentar o disminuir segùn el distrito, no puede gozar de un servicio de salud adecuado a las necesidades, y estas son, a medida que pasa el tiempo, màs importantes, a causa de la desnutrición, por ejemplo, no se puede hablar de la existencia de una polìtica de derechos humanos efectiva y hasta real en su sentido màs amplio.
En lo que hace a la alimentación y nutriciòn de las personas, con especial énfasis en los niños, por ser de una franja etaria cuya calidad de vida es determinante de la salud en el futuro, podemos decir que tampoco existe una polìtica de derechos humanos en el sentido màs acabado, porque el nivel de pobreza e indigencia sigue siendo bastante importante y eso constituye un grave peligro en una “lucha” contra la desnutrición. Seguramente alguien podrà decir, tal como lo hizo el presidente Nèstor Kirchner cuando se difundieron datos del INDEC en el mes de marzo, que no se cuantifica la ayuda que brinda el gobierno a travès de programas especiales de desarrollo social, en cuanto a medicamentos, o la comida que se les da a los chicos en los comedores escolares, los cuales representan una ayuda muy importante para las personas de escasos recursos. Sin embargo, se podrìa alegar, como contrapartida, que es mejor que las personas “aprendan a pescar” para conseguir su alimento, y no que el gobierno otorgue todo al individuo sin esfuerzo alguno. ¿Serà parte del pensamiento de algún funcionario? ¿Los dirigentes tendràn la creencia de que la dignidad de las personas tambièn es un derecho humano?
Como hemos visto, los derechos humanos no son solo los derechos de las personas a que no sean perseguidos y/o asesinados por tener una ideología diferente a la de los miembros del gobierno (de facto), sino que abarca muchas otras cuestiones como son la alimentación y nutriciòn, el poder educarse y progresar gracias a los conocimientos adquiridos (parcialmente, no està de màs decirlo); gozar de un servicio de salud que estè acorde con las necesidades de las personas, y respondan sus integrantes de modo satisfactorio; que los habitantes tengan la seguridad de que cuando vuelvan de su trabajo a su casa no van a ser asaltados o querer ser asesinados por no perder la dignidad o no “satisfacer” las pretensiones de los delincuentes; y que aquellos funcionarios o personas que cometen un acto de corrupción o cometan delito alguno van a ser juzgados tal como lo establezca la normativa en vigencia, es decir, va a haber justicia sin fijarse quièn es el acusado. Una justicia entendida como “dar a cada uno lo suyo”.
Todo lo mencionado anteriormente y muchas cosas màs son los derechos humanos. Debemos recordarlo tambièn en los gobiernos democràticos, pues en estos deben ser custodiados màs todavía. Lo peor que puede suceder en una democracia es reducir el concepto de “derechos humanos”, porque es en este règimen donde debe ser concebido como algo natural, pero que no es recordado cotidianamente.
Este es el desafìo, no solo para el 24 de marzo, sino para todas las èpocas. A pesar de que la fecha mencionada tiene un fuerte valor simbòlico, no debemos quedarnos en un símbolo, sino que es imprescindible que exista una reflexiòn incluso como sociedad para estar en una democracia sustancial. Eso es lo que falta. Debate y reflexiòn. Los partidos polìticos deberìan tomar la iniciativa, y todos participar. Puede que sea un comienzo de un sistema democràtico sustancial, y hayamos aprendido el valor real, màs allà de lo simbòlico, de la fecha 24 de marzo.
Mario Casabona Guerra (17 años).
DNI: 33.688.029
Afiliado adherente a la Uniòn Cìvica Radical de Tierra del Fuego.
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