Viernes, 9 de Diciembre de 2011 por Juventud Radical

De la democracia de elección a la democracia de alta intensidad.
Pocos días en un calendario tienen la importancia del 10 de diciembre. El 10 del diciembre para nosotros tiene una carga especial: es el día que asume Raúl Alfonsín la presidencia de la Nación. Ese mismo día, todos los argentinos volvimos a tener un gobierno democrático. Ese día le dijimos Nunca Más a la persecución y muerte por el solo hecho de pensar distinto. El 10 de diciembre también se celebra el día internacional de los derechos humanos, este año se cumplen 63 años de la firma de su Declaración Universal.
Este 10 es distinto, es especial. La democracia, que tantas veces caratulamos de reciente o inmadura, renueva sus autoridades. Cuando este gobierno cumpla su mandato en 2015, la Argentina cumplirá 32 años ininterrumpidos de democracia.
Un nuevo gobierno es una oportunidad para plantear desafíos. Desafíos a quienes en función de los resultados del 23 de Octubre les corresponde gestionar, y desafíos también para nosotros, que sin llegar al gobierno tenemos la obligación de actuar como una alternativa coherente pero firme, recuperando el protagonismo en la agenda pública.
El nuevo gobierno de Cristina Kirchner tendrá un nudo difícil de desatar: su tradicional distancia entre el discurso y la gestión tendrá en la realidad un límite innegable; los argentinos actuaremos, exigiremos y analizaremos con memoria, pero por sobre todo con una mirada hacia adelante, propia de un país que se quiere desarrollado en la justicia, la equidad y la previsibilidad.
Si el próximo gobierno pasa y nosotros seguimos discutiendo solamente la compra y venta de dólares, los desmanejos de Aerolíneas y el revisionismo histórico de “Pacho” O´Donnell, fracasamos. Fracasan los que gobiernan, porque siguen desaprovechando oportunidades. Fracasamos nosotros, porque la justicia, la equidad y la previsibilidad seguirán fuera de la agenda nacional.
Un buen gobierno deberá avanzar en Justicia. No podemos tomar como normal que los gobernadores sean meros delegados del gobierno nacional por la injusta distribución de fondos. No es bueno que creamos natural que el gobierno haga de Carlos Menem, quien sin dudas es el peor presidente desde la recuperación de la democracia, un aliado estratégico a cambio de inmunidad. No podemos tratar con indiferencia a un gobierno que dice no criminalizar la protesta pero carga muertes en Jujuy por la injusticia habitacional, en Formosa por la decisión de avanzar contra los pueblos originarios y en Santiago del Estero, por la priorización de una alianza estratégica con sectores que concentran tierras y poder económico.
Un gobierno realmente transformador debe decidir ir por la equidad. La continuidad de un modelo que ensancha la brecha entre los más ricos y los más pobres no es sustentable. Menos sustentable lo es cuando la desocupación y la falta de oportunidades afectan a los más jóvenes. Un modelo que excluye a los jóvenes, ensancha brechas de desigualdad y ahonda las diferencias entre las grandes ciudades y los pueblos del interior es un modelo insustentable, inequitativo y recesivo.
Si el gobierno desea encauzar al país en un camino de transformación con oportunidades, debe ser previsible. Pero ser previsible no es caer en la “seguridad jurídica”. Ser previsible implica avanzar en la seguridad social, la seguridad económica y la seguridad previsional.
Continuar con una idea de proliferación de planes sociales y subsidios sin contraprestación lejos de incluir, formaliza la dependencia, genera inseguridad social y vuelve al Estado un agente conservador de un orden social injusto.
La misma inseguridad muestra una situación habitacional alarmante, con un déficit de viviendas igual al de 8 años atrás, con más de la mitad de los argentinos sin red de cloacas y más de un millón de jóvenes menores de 25 años que no estudian ni trabajan, y no por ser vagos.
Avanzar en un país que naturaliza un 20% de inflación, donde el trabajo registrado y de calidad se encuentra estancado y las posibilidades de transformar las ideas de sus jóvenes en emprendimientos genera inseguridad económica.
Un modelo realmente previsible debe administrar en función de los jubilados de hoy y de los de mañana. Haciendo de los fondos de los jubilados actuales y futuros una caja de pandora con la cual se extienden créditos a multinacionales, se cubre el déficit de Aerolíneas o se cubren gastos corrientes de la administración pública, lejos de hacer un sistema sustentable, crea inseguridad previsional.
Un gobierno transformador deberá ser capaz de abordar estos temas con diálogo, profundidad y decisión. La decisión de transformar y avanzar hacia el desarrollo tiene costos, entre otros, avanzar contra aliados estratégicos de un gobierno muy decidido cuando de discursos se trata y francamente muy conservador cuando se refiere a la acción.
Es una gran oportunidad de animarse en serio a la democracia. Una democracia que no se reduzca a consultas electorales, entendida desde una concepción meramente procedimental. Una democracia donde cambie la forma en que se ejerce el poder y la forma en que este es controlado. Una democracia con controles genuinos ejercidos por la ciudadanía toda. Una verdadera democracia, que sea liberal en lo político y que sustente doblemente la esfera social y la esfera política, reconciliando de forma necesaria los principios de libertad e igualdad.